ASCURA
VOLADORES:

EL EGO VOLADOR
Aunque todo el mundo crea que la mente es una cosa que nace con nosotros y que es innata a la naturaleza de nuestro ser, no es así. Nuestra mente no es nuestra, es una intrusión.
Desde el principio de nuestra historia somos rehenes de un conjunto de entidades venidas desde los confines del universo que se dedican a la depredación. A esas entidades el ser humano les ha otorgado un sinfín de nombres: para los católicos son "demonios", para los videntes "espíritus", para los escritores "fantasmas", para los chamanes "voladores"...
Somos prisioneros de ellos y nos usan con el mismo desenfado que nosotros usamos a los pollos. Su apariencia es la de un enorme bulto volador de color negro, son muy astutos, tienen un apetito feroz de energía y encontraron un oasis de conciencia en nuestro mundo. Se han especializado en ordeñarnos. Notamos su presencia cuando tenemos altibajos energéticos y emocionales. Es el depredador que viene periódicamente a recoger su cuota de conciencia, ya que la conciencia es energía. Sólo dejan lo suficiente para que sigamos viviendo, y a veces ni para eso.
Hacen lo mismo que nosotros cuando comemos verdura, fruta, o carne. Están comiendo vida.
Por eso el hombre nunca ha estado en lo más alto de la pirámide alimenticia.
A través de nuestras emociones, debidamente encauzadas por el parloteo interior, nos consumen. Han diseñado el entorno social de tal forma que estamos disparando oleadas de emociones que son inmediatamente absorbidas.
A cambio de nuestra energía, los voladores nos han dado la mente, el ego y los apegos. Para ellos no somos sus esclavos, sin o una especie de obreros asalariados. Privilegiaron a una raza primitiva, la nuestra, y le dieron el don de pensar, lo cual nos hizo evolucionar hasta llegar a ser una gran civilización. De no ser por ellos, aún viviríamos en los árboles o escondidos en las cuevas.
Los voladores nos dominan a través de nuestras tradiciones y costumbres. Son los amos de las religiones y de la historia. Ellos lo manejan absolutamente todo, desde el más humilde de los hombres hasta el más poderoso.
Durante milenios nos han colectivizado. son los responsables de que el hombre actual aspire a no pensar por sí mismo y son los responsables, también, de que nunca podamos dejar de pensar ni un minuto de nuestra vida; ya que el silencio interior es su único enemigo. Hubo una época en que se hicieron tan descarados que hasta se mostraban en público y las gentes los representaban en piedra. Pero ahora su estrategia se ha hecho tan inteligente que ni sabemos que existen.
Sobre todo, les gusta los ataques de ego; para ellos, ése es el bocado más exquisito. Algunos nos consumen por la lujuria, la ira o los miedos; otros prefieren sentimientos más delicados, como el amor o la ternura. Atacan por la cabeza, el corazón o el vientre, allí donde guardamos el grueso de nuestra energía.

Cuando nace un niño, los padres le ofrecen como comida, sin darse cuenta, pues sus mentes también están dominadas. Le ponen un nombre y le dan un número de identidad y al bautizarle firman un convenio. A partir de ahí, se esfuerzan por inculcarles modales de conducta aceptables convirtiéndole en una mansa oveja. Los niños que nacen con mucha energía e intentan rechazar esa imposición, como no lo logran suficientemente, se vuelven rebeldes o desajustados sociales.
La presencia de los voladores es siempre dolorosa, si alguien se resiste a ellos, atacan directamente a quienes tenemos más cerca, haciéndonos entrar en conflicto hasta con los que más queremos. Nos provocan ataques de racionalidad o desconfianza y nos hacen sentir siempre tentados a violar nuestras propias decisiones. Los locos pueden detectarlos y al ser descubiertos, les generan terribles paranoias

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